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Remedio contra la orfandad de medicamentos
19/5/17, 11:13:42 BUENOS AIRES, mayo 19: En la Unidad Productora de Medicamentos de la UNLP hacen I+D para laboratorios públicos que desarrollan fármacos que no son de interés para la industria farmacéutica. Entre ellos, un antituberculoso que producirá el laboratorio Prozome, de Río Negro, y que comenzará a distribuirse el mes que viene.
“En la Argentina hay investigadores que hacen síntesis, medicamentos a través de la informática, expertos en farmacología y una infinidad de cuestiones. En general, son líneas de vanguardia que son importantísimas para el futuro, pero que no tienen un arraigo en cubrir una necesidad básica del país”, dice Arturo Hoya, director récnico de la Unidad Productora de Medicamentos (UPM) de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP). Allí se desarrollan medicamentos sólidos, como los comprimidos de antibióticos, analgésicos, diuréticos, antiparasitarios y anti-hipertensivos, entre otros.

“La UPM busca resolver problemas concretos de orfandad de medicamentos, de producción de las líneas de algún laboratorio público y otras cuestiones necesarias para que la rueda de la producción pública funcione”, sostiene este especialista que trabajó durante 20 años en Laboratorios Bagó.

Hoya advierte que la unidad de desarrollo que dirige se ocupa de la I+D a escala de laboratorio para luego transferir sus desarrollos a laboratorios públicos que producen medicamentos en grandes cantidades. Eso ocurrirá el mes próximo con un grupo de medicamentos para combatir la tuberculosis, que ya está produciendo el laboratorio público Prozome en Viedma (Río Negro).

La UPM ha estado trabajando en este tipo de fármacos a partir de un FONARSEC (Fondo Argentino Sectorial) obtenido en el año 2013, por un monto de 30 millones de pesos. Se trata de un consorcio público-público del que participan la UNLP —con la UPM—, el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires —a través del LEMP2, un laboratorio público de La Plata— y la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) bonaerense.

Uno de los objetivos de este consorcio es desarrollar medicamentos contra la tuberculosis, pero ante la emergencia sanitaria por falta de estos fármacos que hubo en 2016, “tuvimos que salir a cubrir esa orfandad para el Plan Nacional 2017 y trabajamos con el Prozome porque el LEMP2 todavía no está en condiciones de llevar adelante esa producción”, advierte Hoya. El proceso para lograrlo insumió “18 ensayos, es decir, 18 tipos de comprimidos diferentes. El conocimiento obtenido en la escala de desarrollo lo transferimos a una planta industrial con grandes equipos y allí, durante un mes, pusimos en marcha los procesos productivos, lo que permitió elaborar unos seis millones de comprimidos”.

Esto se debe a que todo desarrollo necesita ajustes para pasar del laboratorio a la escala industrial. En el caso de los medicamentos, el principio activo, que es el que tiene la acción terapéutica, va acompañado de excipientes que le dan estabilidad, biodisponibilidad y otras propiedades necesarias para que, por ejemplo, se mantenga en condiciones óptimas a lo largo de un período de tiempo establecido y no resulte afectado por factores como la humedad. Por eso es que, para corroborar la calidad, se debe hacer un conjunto de pruebas pero, posteriormente, es necesario comprobar que se mantendrán al producirlo en grandes cantidades. “Para saltar a gran escala hay que ajustar algunas cuestiones, pero esos ajustes no son de composición sino de operación y proceso, como mezclar más lento o más rápido, comprimir con más o menos fuerza”, explica Hoya.

La UPM es parte de la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (ANLAP), creada por decreto en 2015 y que, entre otros objetivos, debe producir medicamentos para la atención primaria de la salud en hospitales públicos —especialmente para enfermedades crónicas no transmisibles—, convertirse en un referente de precios —en particular para las licitaciones—, estimular el intercambio de conocimiento entre los laboratorios públicos y promover la investigación aplicada de acuerdo a las necesidades sanitarias del país.

“Como parte de la ANLAP y de esa red de productores, nosotros somos desarrolladores y los apoyamos para producir medicamentos mediante capacitaciones y asesoramiento”, dice Hoya y destaca la importancia del rol del Estado en cuestiones de salud pública, por ejemplo, para cubrir las orfandades de medicamentos, es decir aquellos que no tienen interés comercial para las empresas privadas. Es lo que ocurrió con los medicamentos contra la tuberculosis, pero también podrían ser las drogas requeridas por pacientes con Chagas y algunos antiparasitarios.

Sin embargo, tras el cambio de Gobierno, y junto con la suspensión del Programa Remediar —reemplazado por el cuestionado CUS Medicamentos, que incluiría menor cantidad de fármacos y dejaría en manos de las provincias la distribución de drogas que antes eran garantizadas por el Estado nacional—, la ANLAP estuvo acéfala hasta que, en diciembre de 2016, Adolfo Sánchez de León fue designado director.

Desde entonces, según relata Hoya, han tenido las primeras reuniones para definir necesidades y pasos a seguir. “Los laboratorios públicos proveen menos del 10% de todos los medicamentos que demanda el sistema de salud pública nacional. El resto lo proveen otros laboratorios nacionales y multinacionales, por eso la idea siempre ha sido incrementar esa representación”, detalla Hoya y detalla que, durante el Gobierno anterior, la intención era elevar esa proporción al 30%.

“Mi impresión es que hay una iniciativa para hacer crecer la ANLAP y dar subsidios a los laboratorios estatales para que crezcan y puedan proveer al CUS, pero todo es muy reciente, ya que el director recién asumió en diciembre”. Y concluye: “Si la producción pública tiene la misma calidad que la privada pero su costo es de 5 a 10 veces menor, y el producto puede llegar al público a menor precio, entonces sirve para que los otros fabricantes se den cuenta de que no pueden poner el precio que quieran”.

Fuente: Agencia TSS
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