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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 15/6/15
#Vacunas
Informe especial: quiénes son y qué piensan los grupos que rechazan los medicamentos y la vacunación
15/6/15, 12:50, BUENOS AIRES, enero 28: Por cuestiones religiosas o ideológicas, estos grupos fomentan la no vacunación y el uso de la medicina naturista. Alegan efectos secundarios no informados, y el derecho individual a decidir sobre su salud. Pero especialistas y autoridades sanitarias advierten de los riesgos que esta tendencia conlleva, y los responsabilizan de los brotes de sarampión, varicela y otras enfermedades controladas. En la Argentina, ya hay varios espacios para quienes no quieren acceder a las vacunas.
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#Cannabis
Estudio destaca el uso de cannabis medicinal en niños con trastorno espectro autista
10/12/18, 12:45, BUENOS AIRES, diciembre 10: El aceite en base a esta droga sirve para mejorar la calidad de vida de estos chicos, aseguran recientes ensayos realizados en casos leves, moderados y complejos.
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#VentaIlegal
En España, las aap de entrega desafían la ley y siguen llevando fármacos
11/12/18, 12:23, BUENOS AIRES, diciembre 11: Plataformas como Govo siguen entregando medicamentos pese a que la ley de ese país lo prohíbe. Además, Amazon anuncia la compra de una farmacéutica. Una alerta para la Argentina, que vive un boom de este tipo de comercio.
Hace unos años, el físico estadounidense Gregory Cochran, famoso por sus hipótesis en medicina evolutiva y la antropología genética, afirmó que “una vez que entendimos las causas del cólera, de la neumonía y la sífilis, nos deshicimos de ellas, al menos en los países más ricos. Ahora estamos en un momento en el que ciertas personas se resisten a vacunarse básicamente porque no recuerdan estas amenazas”. Sus palabras fueron un fuerte alegato a favor de las vacunas, en tiempos donde el mundo asiste a un inusual auge de los movimientos que quieren prescindir de ellas. Estos sectores, que promueven una medicina “más natural” y denuncian los abusos de las farmacéuticas, buscan limitar el uso de medicamentos, e incluso reniegan de la vacunación como forma de prevenir enfermedades. Su visibilidad viene en aumento, y en estos días quedaron nuevamente el en foco de la polémica, luego que se declarara un brote de sarampión en partes de Disney, en Estados Unidos, atribuido al aumento de personas que asumen esta tendencia. Pero quiénes son estos grupos “antivacunas”, qué piensan y cómo argumentan sus posturas. Desparramados por todo el mundo, llegaron hace tiempo a la Argentina, y defienden sus ideas ante las críticas de especialistas y autoridades sanitarias.

Cuando las autoridades norteamericanas confirmaron el brote de sarampión, los ojos se posaron nuevamente en los grupos “antivacunas”. Es que muchos padres vienen optando por no utilizar las vacunas disponibles para esta y otras enfermedades, argumentando los posibles efectos secundarios graves que causan. De esta tendencia, en Estados Unidos y varios países de Europa, enfermedades como el sarampión, la varicela o las paperas tuvieron un extraordinario pico de casos, cuando en algunos casos ya habían sido erradicadas. “Algunas personas simplemente son increíblemente egoístas" al saltarse las vacunas, afirmó James Cherry, experto en enfermedades pediátricas en la Universidad de California, en Los Ángeles. “El sarampión es una enfermedad que ha sido derrotada por la medicina moderna. Eso hace más frustrante que la cabezonería anti ciencia haya demostrado, en el caso del sarampión relacionado con Disneyland, que cuando se trata de enfermedades infecciosas el mundo es pequeño, después de todo", dijo la semana pasada Los Angeles Times en un editorial respecto al brote.

Pero quién está detrás de estos grupos, y qué piensan. En Estados Unidos, por ejemplo, existen varios grupos que se dedican a discutir la efectividad y seguridad de las vacunas. Entre los que tienen más visibilidad está el denominado Parents Requesting Open Vaccine Education (PROVE), que viene trabajando en el Estado de Texas para “prevenir las lesiones y las muertes” causadas por las vacunas, “para promover y proteger el derecho de toda persona a tomar decisiones informadas”, según su sitio web (www.vaccineinfo.net).

Sus argumentos giran en torno a la seguridad de las vacunas y al negocio farmacéutico, pero es difícil dar con datos concretos sobre estos. Uno de los estudios más citados por los grupos de “no vacunación” es el denominado “Proyecto Cal-Oregon”, un estudio a más de 17 mil chicos financiado por Generation Rescue y controlado por padres de niños vacunados y no vacunados de ese estado norteamericano. Si bien no son cifras oficiales, los grupos aseguran que se los 17.674 niños incluidos en la encuesta “se demostraron que los niños vacunados tenían el 120 por ciento más de asma y el 146 por ciento más de autismo”, entre otros resultados.

Uno de los estudios emblemáticos de estos grupos terminó en un escándalo. En 1998, el médico británico Andrew Wakefield alertó al planeta con un estudio perturbador: según sus resultados, existía una relación concreta entre la vacuna triple viral (que se usa para prevenir el sarampión y la rubéola, por ejemplo) y la aparición de casos de autismo. Incluso, su estudio fue publicado por la prestigiosa revista The Lancet, y rápidamente se convirtió en la base argumentativa de los grupos de libre vacunación o no vacunas en todo el planeta.

Más de una década después, se sabe que el trabajo de Wakefield carece de valor: el médico alteró los resultados para adaptarlos a su hipótesis, además de incurrir en varias irregularidades a la hora de realizar el estudio en los niños (como pruebas innecesarias sin el consentimiento de los padres). El escándalo le costó al doctor su licencia, ya que el Consejo General Médico del Reino Unido consideró que actuó “de forma poco ética” (aunque en la actualidad ejerce su profesión en Estados Unidos. La propia revista The Lancet publicó una retractación, y retiró de su archivo el estudio engañoso.

Si bien el trabajo fue desmentido con los años -jugó un papel fundamental una investigación del periodista británico Brian Deer, llamada “The MMR, autism fraud. Our story so far” -en muchos foros se sigue sosteniendo la relación entre la vacuna y la enfermedad.

La situación en la Argentina

El auge de la no vacunación llegó a la Argentina, y de apoco se comenzó a instalar. Con los mismos argumentos, comenzaron a cuestionar las vacunas El grupo “Libre vacunación” es uno de los principales fomentadores de esta práctica. “Nuestra posición es la de respetar el derecho al consentimiento informado, como con cualquier procedimiento médico”, dijo en una entrevista en la revista El federal Eduardo Yahbes, promotor del grupo y uno de los más activos militantes de la libre vacunación.

Según afirma, “las vacunas nada han tenido que ver en la reducción de la morbimortalidad de las enfermedades infectocontagiosas, y sus efectos adversos se van sumando por el aumento de la cantidad de las vacunas que se administran”. El razonamiento de Yahber y su grupo es que esa curva de descenso está dada por la mejora en algunas condiciones sanitarias, y aseguran que “incluso ha ocurrido lo mismo con enfermedades para las cuales no se utilizaron vacunas”.

Yahber aporta algunos datos sobre este punto: según afirma la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia “las enfermedades infantiles decrecieron 90 por ciento entre 1850 y 1940, paralelamente a las mejores condiciones sanitarias, mucho antes de los programas de vacunación obligatoria. Las muertes por enfermedades infantiles en Estados Unidos e Inglaterra declinaron 80 por ciento antes de la vacunación”. Además, apoyan su decisión en el derecho a la información de estos supuestos efectos secundarios. “Pensamos que como mínimo debe respetarse el Derecho a la Integridad Personal, como un derecho humano básico”, remarca Yahber.

Contra estos argumentos, los especialistas y autoridades sanitarias intentas despejar dudas. "La persistencia de pequeños grupos de personas no vacunados por motivos religiosos o ideológicos contra el sarampión, aún en países que tiene altas coberturas de vacunas como los Estados Unidos, pueden generar brotes en personas no vacunadas, incluyendo aquellos que no pueden vacunarse por ser muy pequeños, tener enfermedades, estar bajo tratamientos que alteran su sistema inmunológico o por embarazo", detalló Pablo Elmassian, médico infectólogo de la división Medicina del Viajero de Stamboulian Servicios de Salud.

“La vacunación es un elemento de salud pública, no es solamente un elemento de salud individual, implica una responsabilidad más allá de la persona. Una persona que decide no vacunarse no está afectando sólo su salud individual, sino que está afectando la salud comunitaria. Por eso también es importante que las vacunas la maneje el propio sistema de salud, y no un médico o un pediatra en un consultorio”, aseguró Ricardo Ruttimann infectólogo y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).

Ruttimann recuerda que “lamentablemente en España, Francia y Alemania se han jerarquizado muchos estos grupos ‘antivacunas’, y trajo sus consecuencias. España tuvo la peor epidemia de sarampión de los últimos años, en toda Europa se murieron mil personas por esa enfermedad. Esa cantidad de muerte en pleno siglo XXI, cuando hay una vacuna híper segura, es inconcebible, si aquí sucediera lo echan al ministro de Salud como mínimo”.

Vacuna contra los sin vacuna

Ante el avance de estos grupos, Ezequiel Martín Arrieta, asistente de la cátedra de Fisiología Humana de la Facultad de Ciencias Médicas y colaborador UNCiencia, el portal de la Universidad Nacional de Córdoba, analizó los cuatro principales mitos de la no vacunaicón, y argumento a favor de las vacunas.

1 - Las vacunas provocan autismo. El autismo es un trastorno físico ligado a una biología y una química anormal en el cerebro, cuyas causas exactas se desconocen. En 1998, un artículo en la revista médica The Lancet despertó la polémica, ya que mencionaba que 8 de 12 niños que habían recibido la vacuna triple viral fueron diagnosticados tiempo después con lo que hoy se conoce como autismo. Allí los autores propusieron que la triple viral podría ser la causa de tal fenómeno, a pesar de no tener ninguna estadística que apoyara esa idea. Años después, el artículo fue retractado y esa hipótesis fue anulada por revisiones posteriores sobre el tema. Aun así, el mito persiste.

2 - Las vacunas contienen mercurio. Esta idea se fundamenta en que el mercurio es un potente neurotóxico. Si bien es cierto que el mercurio está presente en el contenido de las vacunas, en realidad se encuentra en una forma molecular que resulta inocua para las personas, llamada “timerosal”. La variante nociva se denomina “metilmercurio” y existen múltiples estudios de toxicidad que ratifican la diferencia entre ambas. Para comprender mejor la importancia de la estructura molecular de una sustancia en el organismo, pensemos en la vitamina B12 (“cianocobalamina”), que posee una molécula de cianuro y a pesar de ello es muy importante para el correcto funcionamiento de la fisiología humana.

3 - La infección natural es mejor. Es cierto que generalmente la enfermedad contraída de manera natural produce una “mejor” inmunidad y más duradera. Sin embargo, cuando se trata de las patologías infecciosas para las cuales se fabricaron las vacunas, los riesgos superan los beneficios. Por ejemplo, muere uno de cada 10 mil niños infectados con poliomielitis, y uno de cada 200 queda con parálisis irreversible. La vacuna elimina estos riesgos. Lo mismo sucede con el sarampión: enfermarse tiene un riesgo elevado de muerte (10 por ciento) y complicación severa, como infección de oído o encefalitis (30 por ciento), pero la vacunación contra esta patología no conlleva tales riesgos.

4 - Las vacunas desencadenan reacciones adversas. Ningún producto farmacológico está exento de generar reacciones adversas en el organismo, y esto incluye a las vacunas. Existen ciertas reacciones no deseadas luego de la inoculación, que ocurren en muy pequeña proporción y son en su mayoría muy leves: irritación de la zona o fiebre. La probabilidad de padecer alguna reacción adversa grave –ninguna de las cuales produce la muerte– está en el orden de una por millón. ¿Es un riesgo real? Sí, muy bajo, pero cierto. Sin embargo, vivir en una casa tiene un riesgo de muerte de 1 en 83 mil y salir a la calle en auto conlleva un riesgo de cuestión de cómo uno percibe el riesgo y de poner en la balanza la relación costo-beneficio.