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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 12/11/18
#Vacunas
Argentinos avanzan en la creación de una vacuna contra el chikungunya
12/11/18, 11:55, BUENOS AIRES, noviembre 12: La enfermedad es trasmitida por el mismo mosquito del dengue, y hasta el momento no existe un tratamiento específico para combatirla.
#SeguridadSocial
“Las farmacias sustentan con fondos propios lo que les debe la obra social”
12/12/18, 12:27, PARANA, diciembre 12: Lo dijeron los farmacéuticos de entre Ríos, que afirman que los plazos de pago de la obra social provincial IOSPER hace que se complique la reposición de medicamentos.
#SaludPública
“Está garantizado el presupuesto para el funcionamiento de todas las guardias”
6/12/18, 12:55, LA PLATA, diciembre 6: Lo dijo el ministro de Salud bonaerense Andrés Scarsi, quien rechazó que proyecto de presupuesto aprobado esta semana traiga ajuste para el sistema sanitario provincial.
El chikungunya es un virus que causa fiebre alta, dolor de cabeza, dolores en las articulaciones y dolor muscular, unos tres o siete días después de ser picado por un mosquito infectado. Aunque la mayoría de los pacientes tienden a sentirse mejor en los siguientes días o semanas, algunas personas pueden desarrollar dolores en las e inflamación en las articulaciones de manera crónica. En 2014 el virus llegó al país, con dos casos en el norte. Desde ese momento, especialistas de todo el planeta busca un tratamiento específico para el mal, incluyendo una vacuna. Con un subsidio de 6 millones de pesos otorgado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y por una empresa del sector farmacéutico, un grupo de investigadores argentinos acaba de iniciar un proyecto biotecnológico desafiante pero que puede tener un gran premio: desarrollar, desde cero, una vacuna que sea capaz de prevenir la infección por el virus en las personas. Hoy esa opción no existe y, sin embargo, se está volviendo cada vez más necesaria.

La enfermedad se describió por primera vez en el sur de Tanzanía en 1952. Le pusieron “chikungunya”, que en el idioma local Kimakonde significa “doblarse”, en alusión al aspecto encorvado de los pacientes por los dolores articulares. “Los primeros casos de fiebre chikungunya registrados en países de América son recientes, datan de 2013. Pero en este lustro la patología se extendió velozmente y organizaciones internacionales como la OMS ya reconocen su presencia en 43 países de la región”, le explicó a Perfil Diego Alvarez, que trabaja en el laboratorio de Virología Molecular de la Universidad de San Martín (Unsam) y es colíder del proyecto. La tarea del equipo, que en total sumará una decena de especialistas, incluyendo expertos del CONICET y del INTA, será ardua. “Diseñamos un plan de trabajo que tomará tres años”, le contó a este diario el doctor Juan Ugalde, codirector del proyecto y decano del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Unsam. Y será una tarea no exenta de competencia puesto que otros grupos en el mundo buscan el mismo objetivo y ya hay algunas “candidatas” a vacunas atravesando la Fase I de los estudios clínicos.

“Comenzaremos usando como herramienta baculovirus, que es un tipo de virus que solo infecta insectos y no afecta a mamíferos. Y le generaremos modificaciones genéticas”, contó Ugalde. Usando técnicas recombinantes introducirán en el ADN del baculovirus partes del genoma del chikungunya. “Así obtendremos un nuevo tipo de virus híbrido que –en teoría– si se lo inyecta a una persona sana será capaz de activar su sistema inmune y este podría comenzar a generar anticuerpos efectivos contra el chikungunya si el virus ‘real’ lo infecta más adelante”, detalló. Lo atractivo de apostar por este enfoque biotecnológico es que, con esta vacuna, una persona sana se expondrá a apenas un conjunto reducido de las típicas proteínas del chikungunya. Y estas, por sí solas, no pueden enfermar. Pero la exposición alcanza para generar anticuerpos y despertar una “memoria inmune” contra el chikungunya.

“Estaremos trabajando con un tipo de virus que la ciencia ya viene estudiando desde hace muchísimos años y que es totalmente seguro respecto de la salud de las personas. Nuestros colaboradores del INTA ya usaron con éxito ese virus para el ‘transporte’ de proteínas, y en este caso lo haremos con las del chikungunya”, contó Diego Alvarez. Como ocurre con otros medicamentos y vacunas, este desarrollo de laboratorio tomará su tiempo. “Con el subsidio tenemos hasta el año 2021 para poner a punto el nuevo virus híbrido y comprobar fehacientemente, en ratones, que la vacuna desata un efecto inmunológico preventivo”, detalló Ugalde. Luego, si todo resulta bien, desde la Unsam traspasarán el know-how adquirido y los resultados a la compañía Sinergium Biotech –una empresa de investigación conformada por los laboratorios argentinos Elea y Biogénesis Bagó– para que desde allí encaren la segunda parte del trabajo: ensayar la seguridad y la efectividad de esta futura vacuna en personas sanas, realizando los estudios clínicos que demuestren su real poder de protección. Esta parte del proceso, y su posterior regulación y aprobación por las autoridades de salud, también será laboriosa y puede tomar de cinco a siete años. “Si todo funciona bien pensamos que podríamos contar con una vacuna efectiva contra el chikungunya disponible comercialmente tal vez en menos de una década”, se entusiasma Ugalde. Parece mucho, pero con este subsidio ganado los investigadores dieron el primer paso en esa dirección.