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MATAR AL MENSAJERO

#Editorial

La crónica de Simone de Beauvoir sobre la reunión de profesionales en Bahía Blanca generó fuertes críticas a quien contó la realidad, no la inventó. La respuesta, desafortunada, no discute la cuestión de fondo, la cual se profundiza: las malas condiciones de los profesionales en relación de dependencia.

E
n sus crónicas sobre Asia, el historiador griego Herodoto recuerda que era costumbre de los reyes persas castigar con la muerte a los mensajeros que traían malas noticias. Suponían que así se terminaba con el problema en cuestión. De allí nace la frase popular "matar al mensajero", que suele utilizarse cuando alguien se enoja o culpa de un problema a quien se lo comunica. Sin ser reyes de la antigüedad, muchos dirigentes farmacéuticos intentaron "matar", aunque sea simbólicamente, a nuestra amiga Simone de Beauvoir (pseudónimo, claro está), quien hizo una pormenorizada crónica del encuentro en Bahía Blanca, donde se discutió un tema candente: las condiciones laborales de los profesionales no propietarios.
"Matar al mensajero" puede ser considerada una actitud que se instala entre el problema y su posible solución, imposibilitando su resolución. Las críticas que despertó el relato de la colega sobre el encuentro de Bahía Blanca parecen parte de esta costumbre de esconder la basura bajo la alfombra. Desde hace 15 años no hay una discusión seria sobre las condiciones que hacen que cada vez más farmacéuticos trabajen bajo relación de dependencia, sin posibilidad de ser propietarios de su propia farmacia.
La tendencia sigue creciendo. Hace una década, la profesión tenía mitad de propietarios y mitad trabajando bajo empleador, pero el correr de los años y la nueva actualidad económica quebró el equilibrio. Ahora, son más los colegas que se encuentran bajo relación de dependencia, formal o informalmente. Ante esto, desde las estructuras representativas crearon varias comisiones para analizar el tema. Como se sabe, gracias a aquella frase célebre de Juan Domingo Perón, en nuestro país "para que nada se investigue crea una comisión". La profesión no fue la excepción, y después de tantos años nada se avanzó en la materia.
La tendencia al trabajo bajo patrón es una realidad,por la cada vez más dificultosa tarea de llegar a la farmacia propia. Los jóvenes egresados salen de la universidad con serios problemas para acceder a este sueño, y ante el miedo a no poder afrontar los préstamos para tales emprendimientos, deciden emplearse. Y así llegan a las grandes cadenas, a los mostradores concentradores, y a las inocultables farmacias que lejos de pagar lo que correspondería, tratan a los colegas como empleados de maestranza, o tal vez peor.
Y así se reproducen las malas condiciones laborales denunciadas en Bahía Blanca, que no tiene la exclusividad ni mucho menos de esta problemática. Está diseminada en todo el país.
Pero las malas condiciones laborales no son sólo consecuencia de la falta de previsión de la dirigencia. La falta de controles por parte de las subdelegaciones del ministerio de Trabajo, autoridad en la materia aporta a que se produzcan los abusos. Y la reticencia de los colegas a denunciar, cierran el círculo vicioso. En este punto, a veces parece que muchos profesionales sufren "el síndrome de Estocolmo", aquel que sufrieran las víctimas de un famoso secuestro en la década del 70 que les generó empatía con sus captores. De otra forma no se entiende cómo soportan las penosas condiciones laborales. Herencia de los 90 tal vez, donde el "escuadrón de desocupados" fue una presión insoportable para el trabajador asalariado.
Sueldos en negros, falsas sociedades, trabajo fuera de reglamentos, varias de las anomalías que los colegas de Bahía Blanca pusieron sobre la mesa, y que muchos quisieron ocultar "matando al mensajero".
Pensando el tema de forma integral, entendemos que hay posibles soluciones siempre que pensemos una salida general, al problema de las bajísima rentabilidad de la farmacia argentina. Además de fomentar los controles laborales, interactuando para mejorarlos, es necesario formar un programa de fomento de créditos (también esto, entiendo se propuso en la reunión de Bahía Blanca) para que los nuevos profesionales tengan otras chances más que ir a una cadenera a pelear en la adversidad. Incluso, para ir más allá de las respuestas lógicas, estamos dispuestos a discutir la ley de farmacias, la rectora 10.606 que defendemos desde siempre.
Debería darse un debate hacia a dentro de la profesión. Un debate cuanto antes. Muchos hemos pedido estas discusiones centrales. Nunca se han abierto a esa mesa grande. Un discusión sin tabues y evaluando todas las posibilidades, fijando una estrategia que unifique la pelea gremial. Defender a las farmacias independientes y a los farmacéuticos que trabajan en ellas.
No es imposible ni utópico armar un plan estratégico donde se involucren estos dos aspectos. Un plan fuera de la coyuntura electoral que nos toca afrontar en la provincia de Bunenos Aires. Ejes claros. La rentabilidad de las farmacias y salarios dignos con condiciones respetable de trabajo profesional.
De fondo, lo que está en discusión es un tema repetido hasta el hartazgo en este espacio: la viabilidad económico financiera del sector independiente de farmacias. Si no nos ponemos a trabajar en mejorar las condiciones que hacen que cada año cierran entre 40 y 50 farmacias, tendremos cada vez más colegas en esa zona gris que proponen los grandes empleadores y miserables del sistema, que viola la dignidad del trabajador y del profesional, y que termina siendo una amenaza para todos, funcional para el modelo y el sistema de concentración que rechazamos.
Si Simone de Beauvoir (nuestra cronista pseudónima) no habría relatado lo sucedido en esa reunión del sur bonaerense, tal vez esta editorial no existiría. Ni las críticas a la mensajera, ni estas modestas líneas. Pero el problema seguiría, y la falta de soluciones inmediatas y la difusión masiva de una discusión de fondo tampoco. Con el tiempo, en la antigüedad los mensajeros con malas noticias fueron no asesinados, pero si, recibían una sesión de azotes. Y perlas y riquezas si sus noticias eran buena. Tal vez ese sea el inicio del periodismo profesional, no lo sabemos, pero en algunos ámbitos de la provincia sabemos que no recibiremos joyas. Y gente que respetamos, nos mandará en principio al mismísimo carajo, para luego, confiamos, sentarnos en torno a una mesa a solucionar nuestros grandes problemas de nuestra querida profesión farmacéutica.
Farm Néstor Caprov
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