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Destacan la labor del país para producir ocho medicamentos contra venenos de animales ponzoñosos

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BUENOS AIRES, agosto 23: Son antivenenos que se producen en el Instituto Nacional de Productos Biológicos (INPB), y que ayudan al país y la región a tratar pacientes picados por arañas, alacranes y otros animales venenosos.

H
ace unos días, el Instituto Malbrán envió a El Salvador un medicamento para tratar a un niño de seis años afectado por el veneno de una araña. Se trata de un antiveneno loxoscélico para el tratamiento de un accidente por picadura de araña del género Loxosceles a un menor, atendido en el hospital Nacional Saldaña de ese país centroamericano. El caso generó interés sobre el trabajo que realiza la entidad nacional, a través de su Instituto Nacional de Productos Biológicos (INPB), en la producción de estos fármacos. Que sirven para atender unos 10 eventos anuales que se dan en el país. En este sentido, especialistas destacaron la tarea que permite tener en estos momentos ocho antivenenos, que se usan en los casos nacionales y en otros países, a pedido de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). En la actualidad, el INPB se convirtió en "el mayor productor en cantidad y variedad de antivenenos en el país", aseguró el director de este organismo público Christian Dokmetjian, que desde su creación en 1916 trabaja en esta materia. Actualmente producen ocho tipos, de los cuales cuatro son para las serpientes yarará grande y chica, la jararaca y yararacusú, la coral y la víbora cascabel; y cuatro son para los arácnidos, entre ellos los escorpiones, la araña marrón, la viuda negra y la araña del bananero. En América existen pocos países productores de estos antivenenos, que son el único tratamiento efectivo para picaduras de animales venenosos de importancia sanitaria, que llegar a ser letales si no se reacciona a tiempo.
En declaraciones periodísticas, Dokmetjian explicó que la producción de antivenenos es "un proceso muy complejo que involucra múltiples profesionales de diversas disciplinas y que requiere de laboratorios sofisticados y caros de sostener". "Gracias al esfuerzo del Estado, en el INPB producimos alrededor de 40 mil frascos por año, lo que nos da la capacidad de cubrir los hospitales centrales de todas las provincias", agregó. De ese total, anualmente se registran entre 6 y 8 muertes, y los niños y niñas representan el grupo etario más vulnerable. "Todas las especies con las que trabajamos pueden causar la muerte porque el veneno es muy potente y actúa muy rápido, a las pocas horas y hasta los dos días, por lo que si no se acude a un centro asistencial rápido, luego puede ser tarde, sobre todo para los venenos neurotóxicos, como la viuda negra y la del banano, la cascabel y la coral", explicó Dokmetjian. El director destacó la importancia "de una institución pública como esta, que cuenta con toda la cadena de producción y con profesionales capacitados desde hace décadas". Y resaltó que en los últimos dos años "recibimos 20 veces más del presupuesto que veníamos recibiendo, que venía siendo magro", a partir del cual se pudo actualizar maquinaria y permitió "pensar en un estándar para exportar en la región, que hay faltante".
El caso de El Salvador dejó en evidencia la importancia de producir estos tratamientos, tanto para los casos locales como los de los países vecinos, ya que en América sólo Brasil y la Argentina producen este antiveneno de escasa producción por lote. Desde el Malbrán indicaron que "el antiveneno es de difícil obtención dado que el veneno de la araña loxosceles laeta es poco inmunogénico y se requieren de muchos ejemplares para la inmunización de equinos". "Dentro de los 47 mil tipos de arañas que hay, solamente cuatro grupos son los que pueden llegar a matar a una persona. Uno está en Australia y los otros tres son las arañas del banano, la marrón y la viuda negra. Acá tenemos de las tres y producimos sus antivenenos", explicó Adolfo De Roodt, científico del Área de Investigación y Desarrollo del INPB y docente de Toxicología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. El punto de partida para la producción es la búsqueda y captura de animales ponzoñosos, muchos de los cuales son muy difíciles de encontrar, lo que complejiza la producción del antiveneno ya que requiere de grandes cantidades de ejemplares. "Un equipo interdisciplinario de biólogos, bioquímicos y veterinarios salen varias veces al año a distintas regiones del país a capturar animales venenosos, para lo que reciben mucho entrenamiento porque es un trabajo realmente de mucho riesgo", contó. La rápida acción y administración del antiveneno a tiempo son fundamentales para que el tratamiento sea efectivo, destacaron desde el Instituto.
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